Rest. El Tahití. Logroño.

Rest. El Tahití. Logroño.

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El matrimonio formado por Inés Ibáñez y Carlos Uriarte, antes de montar este selecto asador en la calle más hostelera de Logroño, Laurel, tuvieron un bar en República Argentina, El Tahití, donde convirtieron la leyenda su pincho de tortilla de patatas. ESTUVIERON DÉCADAS VENDIENDO DIARIA E ININTERRUMPIDAMENTE DECENAS Y DECENAS DE PIEZAS EN UN LOCAL PEQUEÑO Y HUMILDE AL QUE TODA LA RIOJA Y CUANTOS ACUDÍAMOS A ELLA PASÁBAMOS A DISFRUTAR ESTE TENTEMPIÉ QUE INÉS BORDABA COMO MUY POCAS PERSONAS EN ESPAÑA. Hasta el extremo que tan multitudinario éxito provocó la incapacidad del hombro y brazo de esta guisandera, ocasionados por tanto darle vueltas a la tortilla. Los que vivimos aquellos tiempos gloriosos, que vienen del siglo pasado, nos sentimos en la obligación de refrescar la memoria: INES IBAÑEZ Y EL TAHITÍ HAN INCRITO SU NOMBRE CON LETRAS DE ORO EN LA HISTORIA DE LA TORTILLA DE PATATAS EN ESPAÑA.

Tras la jubilación de Carlos e Irene, siguen al frente del ASADOR Y RESTAURANTE EL TAHITÍ sus cuatro hijos: Oscar y Jonathan, en la cocina y Cesar y Ricardo, en la sala. Que mantienen con orgullo el plato que tanto prestigio dio a esta familia y que posibilitó esta nueva etapa. La receta es la de la madre, como no podía ser de otra manera.

Como homenaje a una trayectoria, rememoramos el texto publicado en Lo Mejor de la Gastronomía 2000, en la que se explica:

“Tanto si desea comer informalmente como tomar un pincho, la tortilla de patatas de esta casa le espera. Sin lugar a duda, una de las mejores de España. Aseveración que viene propiciada tanto por la cantidad de satisfacción palatal que proporciona como por la singularidad de la elaboración. El artífice, Irene Ibáñez, hace una especie de terrina de patatas confitadas simplemente chafadas, con forma redonda y ligeramente dorada; una tortilla en la que reina absolutamente la patata, que se muestra muy sabrosa por su prolongado cocimiento, así como por cierta impregnación en aceite y en la que la escasez de huevo no constituye un impedimento para la jugosidad; sale homogénea. La técnica empleada es milagrosa.

Irene pela las patatas que precisa para toda una tarde y las deja en entero en un gran balde cubiertas por agua.
Según se vayan a necesitar, se cortan en pedazos irregulares de unos 3 centímetros de largo por 2 de ancho y 1,5 de alto, aproximadamente. Se lavan y se ponen en un escurridor, esperando turno.

Las que se requieren para tres o cuatro tortillas, se hacen a la vez en una sartén muy grande con mucho aceite de girasol de la marca Urzante. Se echan cuando está caliente y siempre a fuego vivo, pero la patata se cuece, curiosamente, en la grasa dada la cantidad situada en el recipiente. Se salan y se tienen unos veinticinco o treinta minutos, en los que  les da la vuelta unas cuantas veces para que se cuezan por igual.

Ya hechas, se depositan en otro escurridor y se deja que suelten la grasa que han chupado anteriormente.

Al momento de poner en marcha una tortilla, se coloca una sartén a fuego vivo, en la que se ponen 500 gramos de patatas confitadas y escurridas. Se tienen tres o cuatro minutos, en los que sueltan el aceite absorbido que les queda, a la vez que se aplastan un poco las más grandes.

Pasado ese tiempo, se echan dos huevos batidos, se remueve como si fuese un revuelto y, un minuto después, se agregan otros dos huevos batidos en la superficie superior; sin dar tiempo a que se cuajen se da la vuelta a la tortilla y se tiene unos instantes, justo hasta que tome color amarillo ligeramente dorado, se retira inmediatamente y se sirve con esa bella cara mirando al cielo. Altura, dos dedos”.

 

Irene Ibáñez
Rest. El Tahití.
26001 Logroño (La Rioja).
Laurel, s/n.
(+34) 941223309
Cierra: Jueves noche y domingos.

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